viernes, 17 de febrero de 2012

Emilio Lamo de Espinosa: “Europa no puede no ser un actor mundial”

“Europa conquistó el mundo, pero se perdió a sí misma”. Hoy los valores europeos se han extendido como mancha de aceite por el mundo. Europa ha avanzando y conseguido numerosos logros. Jamás Europa había sido tan próspera, tan segura y tan libre. Un éxito de alcance histórico universal, que además sobrepasa las fronteras europeas y se extiende por el mundo oriental. Pero convencido de que lo que hace falta ya es más Europa, Emilio Lamo de Espinosa advierte: “la encontramos casi al borde del abismo. Europa tiene la tarea de no dejarse conquistar por el nuevo mundo. Tras europeizar y occidentalizar al mundo corre el riesgo de ser ella misma desoccidentalizada”.
Lamo de Espinosa, Catedrático de Sociología de la Complutense de Madrid, recogía anoche estas ideas en su participación en el Seminario ÉTNOR de Ética Económica y Empresarial. Según el ponente, “es necesario tomar distancia para ver lo que realmente ha avanzado Europa y reconocer los logros de las últimas décadas”. Entre estos logros el Catedrático destacaba principalmente tres: “reforzar y extender sistemas basados en la democracia y el respeto a los Derechos Humanos. Jamás nunca en la historia de la humanidad tantos ciudadanos europeos habían gozado de tanta libertad”; “El bienestar generalizado, que ha mejorado sustancialmente nuestros niveles de vida”; y lo más importante y que dio origen a la idea de Europa, “la seguridad”.
Sin embargo, la cara b de esta situación la encontramos en lo que Lamo de Espinosa resume como el problema central de Europa: una mala articulación de la Unión europea que anida en el propio modelo de construcción europea, siguiendo el método funcionalista: “que la economía tira de la política y la política de la cultura. Donde el demos europeo, la ciudadanía, es el resultado y no el punto de partida”. Para el ponente, ésta es a su vez causa del éxito de la UE y su principal debilidad.
Un problema en torno al que se articulan varios retos internos y externos. Por ejemplo, el problema de las competencias: ¿Sobre qué manda la UE? ¿Cómo es posible un mercado único sin una política económica? “Sin gobernanza económica no hay un poder económico, hay una enorme economía pero no un poder”. El problema de la competitividad y la productividad es otro reto importante: “Tenemos el modelo social más avanzado del planeta, envidiado por todos, pero con un coste excesivamente elevado”. No tenemos una competitividad eficiente. Y además tenemos una demografía desastrosa “¿Cómo vamos a tener una economía emprendedora, dinámica, en una sociedad con cada vez más población envejecida?”
Entre los principales retos externos Lamo de Espinosa destacó la preocupación sobre cuál va a ser el papel de Europa en el mundo, un papel que se ha debilitado aceleradamente en los últimos años. “La crisis ha actuado como una especie de espejo que nos está descubriendo lo que en realidad somos. Nos creíamos otra cosa, pero en realidad Europa es un enano, por ejemplo en términos militares, y eso es un serio problema de credibilidad”. A lo que hay que añadir que no tenemos diplomacia europea, un océano geopolítico en aumento en el que no pintamos mucho, la pérdida del peso democrático, la pérdida del peso productivo, y como consecuencia: “que Europa no existe, se va desvaneciendo. El problema es que Europa no puede no ser un actor mundial”. ¿Hemos cumplido ya nuestra labor?
Según el experto, numerosos estudios avalan que el mundo va a mejor y está mejor que en el pasado, lo que está empeorando es la situación en los países occidentales, sobre todo del sur, como es el caso de España. La desigualdad en el mundo también está disminuyendo, lo que está aumentando es dentro de los países. "No estamos en una buena situación, nos viene un periodo de turbulencias europeas y posiblemente hará falta que llegue otra generación de políticos y ciudadanos que confíen en la ventaja europea. Nos hace falta una opinión pública europea. Decía Freud que sólo se aprende del dolor. Nos creíamos el centro del mundo y estamos descubriendo que no importamos a nadie. Los europeos lo vamos a pasar muy mal, y puede ser que al final sea el egoísmo, el deseo de salvación, lo que acabe uniéndonos”, sentenció Espinosa.

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