lunes, 12 de mayo de 2014

Fotografía rusa contemporánea

Las fotografías de los rusos Tim Parchikov, Ivan Mikhailov y Sergey Shestakov se reúnen en el Tenerife Espacio de las Artes (TEA) de la mano del Multimedia Art Museum de Moscú y con la colaboración de diChroma photography.

La comisaria de la muestra, Olga Sviblova, ha elegido la memoria (histórica, genética y social) como su denominador común.
¿Cómo se acumula, se organiza y se transfiere la información y que posteriormente se convierte en conocimiento?
¿Cuáles son los mecanismos que evocan en el espectador el desencadenamiento de los recuerdos?
¿Qué papel juega en la crítica social?
Estas y muchas preguntas asaltarán a los observadores de enigmáticas fotografías que, juntas, conforman una inquietante radiografía de nuestra realidad.

Tim Parchikov observa la transformación de la ciudad industrial de Magnitogorsk, fundada en 1929 y paradigma del desarrollo urbano industrial de Stalin. Arquitectura, ecología y etnología observan como el tiempo se detiene.
La pobreza da paso a la desafección.
La nostalgia por tiempos pasados a los que ha engullido la modernidad desemboca en depresión y la inercia arrastra consigo las vidas de los ciudadanos.
La catástrofe económica y social que supuso el experimento totalitario de los soviets choca de bruces con la nueva realidad capitalista que invade la vida ciudadana con sus limusinas y la omnipresente publicidad.
Los nuevos ricos, herederos de antiguos tiranos siguen ostentando el poder.
La ciudad sigue dependiendo completamente de la fábrica, que a duras penas sobrevive ante la competencia internacional.
Y los vecinos temen por su destino como ya les ha sucedido a otras grandes zonas industriales de Europa Occidental y Oriental.

Cuatro generaciones de mujeres relacionadas familiarmente, madres, abuelas, hijas y nietas, son retratadas por Ivan Mikhailov.
La realidad social cambiante exacerba el contraste entre las generaciones pero la sangre y la familia unen a la gente más que los tiempos y sus atributos sociales.

25 años después del desastre nuclear de Chernobil, Sergey Shestakov atravesó la zona de exclusión.
Uno de los lugares más terroríficos era una guardería, cuyos libros infantiles habían sido reducidos a cenizas.
Todos, excepto uno: “Viaje al Futuro" de Zoya Voskresenskaya y que incluía un gran retrato de Lenin.
¿Qué legado dejará nuestra civilización actual a las generaciones futuras?
¿En qué medida el frágil mundo sobre el que creemos reinar, depende de un simple error humano, de la inestable naturaleza, de una catástrofe nuclear o del abandono de los lugares por sus habitantes?
El caos, tan habitual en los mercados financieros, se antoja esencial para comprender la evolución de nuestra especie.
Tras ese proyecto, Shestakov, fotografía Gudym, las ruinas de una base militar de misiles soviéticos construida en Chukotka durante la Guerra Fría.
La caída del telón de acero y el colapso de la U.R.S.S. hicieron que la base, que daba trabajo a 1000 personas, quedase totalmente abandonada.
Moneda Única, marzo de 2014

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