domingo, 7 de diciembre de 2014

El camino del guerrero

MONEDA ÚNICA
A mis compañeros en la lucha contra el cáncer.
Hoy me toca a mí moderar el grupo de debate.
Así pues acepto este regalo.
Quiero hablaros de lo importante que es mantener el coraje en esta pelea.
Franklin P. "Foggy" Nelson se refiere a su amigo y socio, Matt Murdock, alter ego de Daredevil, el hombre sin miedo.

En un cómic de superhéroes, científicos como Reed Richards o Charles Xabier, sin duda podrían inventar un artilugio curativo.
Seguramente el Doctor Extraño haría lo propio con alguna suerte de encantamiento.
A lo mejor la solución se encontraba en un universo paralelo o en otro planeta. La Masa ha viajado en incontables aventuras a ambos lugares. Se antoja fácil convencer a Bruce Banner ante tal heroica misión plagada de emoción, luchas e intrigas. Pero los cómics (¿novelas gráficas?) de superhéroes ya no son como eran.
Quien busque en El camino del guerrero (Waid, Sambee y Rodríguez, Panini, 2014) literatura infantil o de evasión se equivoca.
La realidad que abordan los cómics modernos se nutre de portadas de periódicos, de programas de televisión y de tendencias en redes sociales.
Y de las múltiples y complejas realidades que configuran nuestra sociedad.
Superhéroes y villanos no dejan de ser coloridas metáforas de historias costumbritas.

La serenidad con la que guionista y dibujante retratan a un cansado Foggy tras sus primeras y agotadoras sesiones de quimioterapia es, paradójicamente, reconfortante.
Lo mismo que su discusión con Matt. Los dos abogados se enzarzan en cariñosos sarcasmos a cada cual más ingenioso desestigmatizando y normalizando la enfermedad.
Foggy reconoce que el hombre más valioso que ha conocido es su compañero Matt.
Unos residuos radioactivos le cegaron cuando era niño.
Sin embargo el resto de sus sentidos se incrementaron exponencialmente, tanto que puede hacerse pasar por un acróbata no ciego.
Quiso luchar contra el crimen como justiciero enmascarado y como abogado y siempre defiende al débil frente al poderoso desde su despacho situado en Hell's Kitchen (la Cocina del Infierno), el conflictivo barrio de Manhattan, Nueva York, entre el Río Hudson y la Octava Avenida.
Multinacionales y millonarios han pretendido contratar los servicios de Nelson and Murdock Law Office.
También criminales como Wilson Fisk (conocido en los bajos fondos como Kingpin).
Pero nuestros héroes ejercen su profesión con responsabilidad y su ética no se mide por los ceros de los cheques de sus clientes.
El dinero no es la variable determinante a pesar de las dificultades económicas por la que pasará el bufete a lo largo de su historia.

No obstante, en ocasiones, no es fácil ser coherente con nuestros principios.
El hijo del señor Oglivy, miembro de la siniestra Sociedad Serpiente, se encuentra detenido y acusado de provocar un incendio que ha causado varias muertes.
El chico es inocente pero no tiene coartada.
En realidad el fuego fue desencadenado por la propia organización criminal por lo que Mr. Oglivy no puede delatar a sus compañeros de fechorías.
Para lograr los servicios de Murdock no dudará en chantajearle. El abogado con discapacidad visual se enfrenta a un inquietante dilema.
Si acepta el caso, actúa bien por un mal motivo. Si lo rechaza, actúa mal, por un buen motivo. No parece que haya otras alternativas.
Ese es Matt Murdock, el señor Blanco-y-Negro.
Así le llama su antiguo amor, la ninja, Elektra quien casi nunca ha podido ser derrotada.
No por ser una luchadora excepcional sino porque sus movimientos siempre son impredecibles.
Ni para su oponente ni siquiera para ella misma.
Siempre ataca en una dirección que nadie puede adivinar.
Por eso nunca la derrotan.

Cazador de sonrisas

Star Wars