sábado, 30 de abril de 2016

Kafka en Deadman Wonderland

Moneda Única, abril 2016
Jinsei Kataoka y Kazuma Kondou presentan en Deadman Worderland DMW, (Ivrea, 2013) un mundo distópico, terroríficamente premonitorio.
El superventas manga se editó en 2007 y se ambienta en el año 2023, en la que un 70% de Tokio ha sido sumergido bajo las aguas debido a un terremoto unos años antes.
En 2011 se produce el devastador tsunami que asoló la prefectura de Miyagi y que afectó a ciudades como Tokio, a más de 350 kilómetros del epicentro del terremoto.
Una dramática consecuencia pero que para los japoneses no significó más novedad que su dimensión: están acostumbrados a convivir con estoicismo con este tipo de fenómenos de la Naturaleza, como así confesaron los autores, con quienes tuvimos el placer de conversar durante la Japan Weekend de Barcelona.

El protagonista de DMW es Igarashi Ganta, un estudiante de 14 años, de cuya familia no se sabe nada, si bien no parece sufrir acoso escolar.
Sin embargo, la sociedad en su conjunto le criminaliza y expone como cabeza de turco ante la matanza de la escuela de secundaria la Prefectura Nagano.
El misterio que rodea al Hombre de Rojo evoca una metáfora de los matones de clase y del acoso escolar que sufren algunos jóvenes…

La estela del Kafka más absurdo, retorcido y dramático campa a sus anchas por DMW.
Josef K., el protagonista de El Proceso (1925), es arrestado una mañana por una pareja de policías sin ofrecerle explicación alguna.
"Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido".
Como Ganta que es encarcelado tan solo por encontrarse en la escena del crimen a pesar de no haberse podido demostrar ni el móvil, ni el modo de ejecución, ni el arma homicida.

En La Colonia Penitenciaria (1914) el escritor checo describe el uso de un sofisticado instrumento de tortura y ejecución que esculpe la sentencia del condenado en su piel para luego dejarlo morir.
Es en ese momento cuando el reo conoce su pena.
Como en la macabra carrera de obstáculos Dog race show de DMW en la que por unos miserables cast points y un anpan (un bollo dulce típico japonés relleno con anko, una pasta de judía azuki) se corre un peligro de muerte de cual sus participantes ni siquiera sospechan.
A los reos de DMW condenados a muerte se les inyecta también de forma constante un veneno a través de un collar de modo que si no ingieren el antídoto en forma de caramelo a los tres días mueren.
Y, en otras palabras, se cumple la ejecución.

¿Quién está loco?
Vivimos en un mundo retorcido y los malnacidos rehenes de Wonderland no obtienen capacidad de escapar…
¿No seremos los locos los seres humanos que vivimos en la opulencia y que abandonamos a su suerte a millones de personas que mueren de hambre, enfermedades y violencia?
Una de las críticas más ácidas de DMW es la propia privatización de la prisión que encerrará a Ganta y su mercantilización.
Desde la publicidad en las celdas cada una personalizada por una marca comercial hasta los eventos como atraen a miles de turistas ávidos de experiencias fuertes.
Ambas son las fuentes de financiación de la prisión, además de las subvenciones públicas que generan toda una serie de corruptelas entre los grupos de presión que intermedian entre los directivos de DMW y los funcionarios. Se trata de un centro penitenciario singular (vaya eufemismo) que funciona -según el folleto editado con fines propagandísticos- como atractivo turístico para devolver la vida a Tokio y para castigar y reinsertar a los condenados.

Las luchas de poder por el control de la prisión esconden los oscuros intereses de una trama política de corruptos que tratan de conseguir subvenciones con siniestros fines.
El exquisito proceso de trabajo de Jinsei Kataoka y Kazuma Kondou es peculiar ya que ambos intervienen tanto en el guión como en el dibujo.
El humor inteligente no falta tampoco en la obra como denuncia de la banalidad de nuestra sociedad actual que se preocupa por nimiedades y no por su propio destino.
La voluptuosa carcelera jefa, Marika, cuyo uniforme recuerda más al de una ama sadomasoquista que a la de una funcionaria de prisiones, asume con total normalidad que un recluso condenado a muerte le pregunte por su talla de sujetador.
DMW sorprende por sus radicales giros en el guión, su detallado estudio de personajes en donde nadie parece ser quien se supone que es.
Todo es enrevesadamente complejo sin embargo Kataoka y Kondou magistralmente lo narran de forma sencilla y espectacular atrapando al lector.
¿Quiénes son los verdaderos monstruos?
Bienvenidos al escenario donde bailan la sangre y la carne… ¡al verdadero Deadman Wonderland!

Arde Cuba

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