'LYNDON Como el mar bajo la luna' (Irene Marchesini y Carlotta Dicataldo, Nuevo Nueve), susurro, trauma y belleza gótica victoriana
Tras Aria, llega ahora esta delicia profundamente psicológica, envuelta en una atmósfera de romanticismo oscuro y folklore rural en la Inglaterra victoriana.
Lyndon es un joven profe de literatura atormentado por ansiedad y agorafobia. El típico trauma del pasado... Aislamiento, rutinas y libros...
Viajar a un remoto pueblo costero para ejercer como tutor de un niño no parece lo más adecuado pero, así es la cosa...
Atiende. Una misteriosa joven que parece conectada con las leyendas locales le obligará a enfrentarse a sus fantasmas. No hablamos de terror sobrenatural, sino un drama íntimo donde lo gótico sirve como espejo del dolor interno y la posibilidad de redención.
La línea limpia, extremadamente fina dibuja una expresividad desgarradora:
- vulnerabilidad
- miradas vacías de Lyndon
- posturas corporales contraídas durante las crisis de pánico
- inmensidad de los escenarios para reflejar el aislamiento...
Cabellos al viento, rostros lánguidos y melancolía trágica de estética prerrafaelita
Acantilados brumosos y mar embravecido. Como en Caspar David Friedrich, el entorno es una extensión del alma del personaje.
La narración es pausada. Solo así se construye una atmósfera que alterna
- viñetas opresivas y cerradas (cuando Lyndon se siente atrapado)
- espectaculares páginas completas donde la naturaleza se desborda (lo insignificante que somos los seres humanos y lo futil de nuestros miedos)
Una chulada la minuciosidad en edificios, ropajes y un color digital de grises, azules ceniza y verdes apagados de la costa británica, rompiéndose únicamente con tonos cálidos cuando el protagonista experimenta momentos de conexión humana o sanación.


