martes, 26 de enero de 2016

Marra, el mal existe y es raro

Artes & Letras HERALDO DE ARAGÓN 14/1/16
Directamente desde Halifax, Nova Scotia, Canadá, llega a Europa, Benjamin Marra, uno de los enfants terrible del cómic independiente americano (aquí se le conoce como Benjamín, con acento en la i. Por lo menos en Aragón).
De fanzines baratos y cutres en Estados Unidos a delicados, bellos y fetichistas cómics de lujazo en España.

Marra moderniza el género giallo del amarillento cine italiano de los setenta y del posterior slasher y sus clichés psicoanalíticos de recreación en la violencia explícita y morbosa fuerza sobrenatural de asesinos de adolescentes que ahogan sus gritos en sangre de miembros descuartizados.
Y los enfrenta a los justicieros que apalean a esos miserables a los que solo les falta sacar de su chequera una tarjeta black a la vez que blanden sus cuchillos para dar más miedo todavía.
Se reconoce Marra deudor de Charles Bronson y su inmortal justiciero urbano nocturno Paul Kersey, tanto que lo lleva tatuado en su hombro.
También tiene mucho de Juez Dredd del zaragozano Carlos Ezquerra y del pensilvano John Wagner.
Tanto como Django Desencadenado de Quentin Tarantino tiene de Lincoln Washington.
En los cómics del amigo Benjamín, el mal existe y es extraño, desasosegante, oscuro y radiante como en Blue Velvet (David Lynch).

Marra también debe mucho al noble Tintín (al revés te lo digo…) y a los personajes de Paul Gulacy (Slash Maraud y Kungfu son sus fetiches), Richard Corben, Simon Bisley (Lobo) o Spain Rodriguez, al Space Beaver de Darick Robertson y al colorido de las máquinas de pinball.

Violenta delincuencia adolescente, gansta, negrata, outsider, rebelde, callejera, marginal, rapera, urbana, desahuciada e indómita llenan las páginas fotocopiadas de Sangre americana.
Como en el punk más destructivo de Ilegales que en los años ochenta españoles reclamaba revueltas y venganza en tiempos nuevos, tiempos salvajes.
Marra toma un arma, eso le salvará. También el dibujo sucio del barcelonés Mike Ratera y su postapocalíptica Brodway, mundo de mierda publicado en blano y negro en COMIX Internacional entre 1992 y 1993 por obra y gracia de Josep Toutain para editorial Zinco.
Y de películas como Show Girls, Robocop o Desafío Total. La filmografía del amsterdanés Paul Verhoeven es recurrente y exhaustiva.

Grotescos personajes, deliberadamente feos, sexualmente provocadores, terroríficamente atractivos de hipermusculados terroristas (de todo pelaje, cloacas del Estado incluidas) y voluptuosas damas siempre en tanga, ligueros y encajes para deleite del público masculino heterosexual (para el homosexual también hay escandaloso contenido explícito) en un mundo en el que el cómic reta las leyes de la física y de la fisionomía.
Saltos mortales, patadas voladoras al más puro estilo de la lucha libre americana (WWE), expresiones faciales estoicas, diálogos robotizados salidos de películas porno, testosterona a raudales y armas de fuego desde rifles de asalto hasta bazucas.

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