martes, 4 de octubre de 2016

Sento Llobel y Miguel Fuster

Miguel Fuster (Barcelona, 1944) debe su vida a la Fundación Arrels. Voluntarios y profesionales recorren la ciudad de Barcelona proporcionando consuelo a personas abandonadas, desterradas, marginadas, escondidas.
A veces proporcionando una palabra de apoyo o una taza de café o unas frugales galletas depositadas, en ocasiones, furtivamente en un cajero automático mientras la persona duerme envuelta en mantas o cartones, casi invisible, como si quisiera desaparecer del mundo.
Miguel Fuster debe mucho también a sí mismo.
El fue el culpable de su desgracia y el ha sido su propio redentor. Abandonar el alcohol sin medicación alguna solo puede calificarse como de milagro. Su carácter amigable, sencillo, alegre y generoso le acompañó en sus años oscuros.
Su testimonio es como una bofetada en todos aquellos impasibles ante la desgracia ajena. Ya sea en lejanos parajes o en las calles de nuestro barrio. El dolor ya no es solo un espectáculo tamizado por la televisión.
Nos grita a la cara que el siguiente podemos ser cualquiera de nosotros. 15 Años en la calle (Chulaink, 2016) recopila los tres volúmenes publicados por EDT en una cuidada edición que cuenta con textos de amigos y compañeros de Miguel Fuster, un nuevo y magnifico relato gráfico titulado “Guapa” y numeroso material inédito cedido por el autor para esta edición definitiva.
Una desgarradora autobiografía, amarga, sucia, negra, directa y sin concesiones que retrata el día a día de las personas sin hogar, anónimos vecinos y paisanos, ciudadanos marginados.
El joven y alocado Miguel Fuster, dibujante de éxito en la década de los 60 y 70 que sería protagonista de muchas de las aventuras que transcurren en Historias de sexo y chapuza (Carlos Giménez, Debolsillo, 2015) se vería abocado a un proceso de autodestrucción a base de alcohol y anfetaminas.

Sento Llobel
La trilogía que cuenta la historia del recién licenciado en medicina por la Universidad de Zaragoza, Pablo Uriel, comienza en el dramático julio de 1936.
Un joven alegre, ilusionado e idealista espera ansioso de su primer destino como médico.
Sento Llobel (Valencia, 1953) es el autor de Un médico novato, Atrapado en Belchite y Vencedor y vencido, un certero repaso de odios y miserias de la sociedad española, de venganzas y rencores que no conocen bandos ni ideologías. Pablo Uriel será vilipendiado por unos y otros cuando él es tan solo un médico.
La medicina no entiende de política. Los médicos se deben a sus pacientes. Uriel siempre será sospechoso.
En el recién publicado tercer volumen, tras la destrucción total de Belchite, Pablo es encerrado en diferentes cárceles republicanas.
Pasará un año y medio prisionero en Valencia: primero en el Monasterio del Puig, habilitado como penal; y más tarde en un batallón de presos que construía carreteras en Serra y Godella.
El comisario político emerge como proselitista juez y ejecutor.
Tan solo la fortuna (en ocasiones en forma de seres bondadosos) evitará un fatal desenlace. Otros no correrán su suerte.
En una carta que Pablo Uriel escribirá a su hija Elena: “tengo la impresión de que me fue concedida, de modo bastante extraño, una propina de cuarenta años de vida: Prisión militar: supervivientes aproximadamente el 20%, entre ellos tu padre. Mi batallón en la batalla de Belchite: supervivientes el 15%, entre ellos tu padre. Prisioneros de los republicanos: de veinte a veintiún prisioneros seleccionados por ser oficiales, un solo superviviente: tu padre.  La verdad es que tú has nacido de milagro”.

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