«La Petit Teryn»

La petit Teryn

«La Petit Teryn» publicitada como la mujer más pequeña del mundo fue una artista de variedades y circo aproximadamente entre las décadas de 1950 y 1960.

Al igual que muchos otros artistas con acondroplasia de su época, su carrera se basaba en la exhibición en espectáculos itinerantes, circos y teatros musicales.

Reclamo Publicitario

  • El nombre. El uso del artículo francés «La Petit» (en lugar del correcto La Petite) combinado con un nombre sonoro como «Teryn» era común en el teatro de variedades español de la época. Se buscaba dar un toque exótico, glamuroso o internacional a los artistas de las compañías locales, aunque fuesen españoles.
  • La frase «La mujer más pequeña del mundo» impresa en sus postales también era un eslogan publicitario comercial recurrente en el mundo del espectáculo. Los itinerantes circos promocionaban simultáneamente a diferentes artistas bajo este mismo título para atraer al público masivo.
  • Material Promocional. Los artistas vendían tarjetas con foto y dedicadas después de las funciones como recuerdo para los asistentes.

Estética de Vedette

«La Petit Teryn» presenta la estética clásica de una vedette o corista de revista.

Viste un traje de lentejuelas ajustado, medias de red y zapatos de tacón alto, adaptando el glamur de los teatros musicales a su condición.

Sin embargo en el reverso de la postal, «La Petit Teryn» hace alusión a su barraca... lo que podría indicar el clásico formato de atracción anatómica (freak show).

Es decir que no actuaría en las pistas de tres anillos, sino las barracas de feria de los pueblos. La sociedad construyó el concepto de “normalidad” a costa de quienes quedaban fuera de ella. El espectáculo tuvo un lado luminoso y otro oscuro del espectáculo. La verdadera rareza no estaba en sus cuerpos, sino en la mirada de quienes pagaban por observarlos.

Desde antaño, las luces de la feria iluminaron algo más que carpas y algodones de azúcar: revelaron los límites de nuestra compasión. En los escenarios ambulantes, ciertos hombres y mujeres fueron convertidos en espectáculo. Les llamaron freaks, rarezas, prodigios de la naturaleza. Pero detrás de cada mirada curiosa había una historia de supervivencia, dignidad y resistencia. El mundo aplaudió lo diferente sin preguntarse por el precio humano del aplauso. Juan José Montijano, "Feria de monstruos en España", Diábolo Ediciones

Atracciones ambulantes e independientes que exhibían de forma aislada a personas con enanos, gigantes, mujeres barbudas o faquires.

De la invasión de los ángeles durante la belle epoque, según Enriette du Saville, se conservan algunas anécdotas amables: En el convento de Santa Martinica de la Rue du Marie Christie, una joven novicia fue inculpada por esconder un ángel adolescente en el armario de ropa blanca de la casa. Requerida la muchacha por su preceptor, sólo pudo alegar en su defensa que a los ángeles especialmente les es grato el olor a espliego. También en esas fechas, otro suceso sorprendió al numeroso público del Circo La Petit Teryn, cuando al perder pie la hermosa trapecista, un par de alas, hasta entonces ocultas bajo una capa de damasco, se abrieron, planeando la muchacha hasta la pista, y sin que, desde entonces, se haya tenido alguna noticia de ella. Rafael Pérez Estrada, “El libro de los Reyes”, Anthropos, 1990

El fragmento utiliza el nombre del «Circo La Petit Teryn» como un escenario fantástico dentro de un relato de prosa poética o surrealista. En esta ficción, la protagonista del suceso una misteriosa trapecista que cae al vacío en mitad de la función. El toro celeste. 

La petit Teryn